Esta residencia de verano ocupa un enclave verdaderamente excepcional: una isla privada con acceso restringido solo para propietarios, lejos de miradas ajenas y abierta a una relación privilegiada con el mar. Su valor reside en esa combinación tan difícil de encontrar entre privacidad, primera línea, jardín, piscina y vistas panorámicas a la ría, en un contexto pensado para vivir el verano con intimidad, calma y una sensación real de exclusividad.
La casa, con 310 m² sobre una parcela de 837 m² y terraza de 35 m², ofrece una base muy atractiva para acometer una reforma a medida en un lugar irrepetible. La orientación sur, la piscina con acceso directo al mar y sus generosas zonas comunes concebidas para la vida social y familiar refuerzan el potencial de una propiedad llamada a convertirse en un lugar mágico donde construir recuerdos de familia para el futuro.








